El 24 de septiembre la Iglesia celebra a Nuestra Señora de la Merced, advocación mariana de la Virgen María muy querida en España y en toda América Latina. Su nombre viene de la palabra «merced», que significa misericordia y gracia. Esta es la celebración principal del día. Si preferís un santo en sentido estricto, el santoral también recuerda a San Gerardo de Csanád, obispo y mártir húngaro.
La devoción nació en Barcelona en 1218. Según la tradición, la Virgen se apareció a San Pedro Nolasco, a San Raimundo de Peñafort y al rey Jaime I de Aragón. Les pidió fundar una orden dedicada a rescatar a los cristianos cautivos. Así surgió la Orden de la Merced (mercedarios), aprobada en 1235. Sus miembros hacían un cuarto voto: quedarse como rehenes en lugar de los cautivos si hacía falta para liberarlos.
Por eso se la invoca como protectora de los prisioneros, de los cautivos y de quienes sufren cualquier tipo de encierro. Los mercedarios llegaron a América con los primeros exploradores y misioneros, y la devoción se extendió rápidamente. La fiesta se incorporó al calendario romano en 1696 y hoy se celebra el 24 de septiembre.
La Virgen de la Merced es patrona de numerosas ciudades y países. Entre ellos están Barcelona, Lima, Santo Domingo, Tucumán y las Fuerzas Armadas y el Servicio Penitenciario de varios países. En Argentina tiene un lugar especial. El general Manuel Belgrano la nombró Generala del Ejército del Norte tras la victoria de Tucumán en 1812, un 24 de septiembre. Le puso el bastón de mando en sus manos y le atribuyó el triunfo. Como dato curioso, su imagen suele representarse vestida de blanco, con el escudo de la orden sobre el pecho, y a veces con cadenas rotas o cautivos a sus pies.